Cómo introducir el hierro en bebés.


Bebé de 9 meses comiendo pollo blw

El hierro es un mineral necesario en todas las etapas de nuestra vida, ya que nuestro cuerpo lo utiliza para fabricar hemoglobina, una proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno de los pulmones al resto del organismo, y la mioglobina, una proteína que provee de oxígeno a los músculos, además de participar en la elaboración de hormonas y del tejido conectivo.


Los bebés nacen con unas reservas de hierro en su organismo. Estas reservas dependen de varios factores, como las reservas de hierro de la mamá durante el embarazo, si ha habido en el parto un corte tardío del cordón umbilical o si el bebé toma leche materna o de fórmula.


Estas reservas se agotan, según los últimos estudios, entre los 6 y los 8 meses de edad del bebé, aunque ya empiezan a existir estudios (aún no muy fiables) en los que se observa que las reservas de hierro del recién nacido pueden llegar a los 9 o incluso a los 12 meses (hasta que estos estudios sean lo suficientemente fiables, debemos continuar con las recomendaciones actuales).


Entre los 6 y los 12 meses tenemos las necesidades más elevadas de toda nuestra vida, por lo que las recomendaciones oficiales (aeped) nos dicen que los bebés deben comenzar con el aporte externos de hierro entre las semanas 26 y 28 de edad, es decir, entre los 6 y los 6,5 meses. Por lo tanto, debemos ofrecer alimentos ricos en hierro desde el inicio de la alimentación complementaria.



Afortunadamente, el organismo es muy sabio, y tiene un mecanismo de absorción de hierro variable, dependiendo de las necesidades, es decir, si un niño come poca cantidad de alimentos ricos en hierro, la absorción aumenta, y si hay un exceso de hierro en la dieta, éste se elimina a través de las heces. De echo, se ha observado que el 12% de los bebés menores de un año consumen menos hierro del que necesitan, pero sólo un 4% desarrolla anemia ferropenica.


Pero, ¿cómo le doy ese hierro a mi bebé, cuáles son sus fuentes?

Primero tenemos que diferenciar el hierro hemo del hierro no hemo.

El hierro hemo tiene la misma forma que el hierro presente en nuestra sangre, y nuestro organismo por tanto lo reconoce y lo absorbe mejor, mientras que el hierro no hemo contiene los llamados "antinutrientes", que no son nada más que componentes que dificultan la absorción del hierro, como pueden ser los oxalatos, filatos, taninos, etc, que funcionan como "ladrones de hierro" y dificultan que éste pueda entrar al torrente sanguíneo.


El hierro hemo se encuentra en carnes, pescados y mariscos principalmente, y sobre todo en las vísceras y en la sangre, con lo que los derivados de estos serán muy ricos en hierro (como los embutidos y los patés). Yo no recomiendo este tipo de alimentos, porque, aunque su contenido de hierro es muy elevado, también lo son en grasas saturadas, hormonas, restos de medicamentos, etc...

Aunque los lácteos y los huevos son de origen animal y nos puedan hacer pensar que son ricos en hierro, no es así, tienen muy poca cantidad de hierro, y aunque está en forma fe+2 (hemo) no se absorbe fácilmente.


El hierro no hemo se encuentra en cereales, legumbres, vegetales (sobre todo hoja verde), semillas o frutos secos, es decir, alimentos de origen vegetal, y debemos hacer combinaciones de alimentos para mejorar la absorción del hierro en este tipo de alimentos. La vitamina C y la vitamina A (betacaroteno) ayudan a convertir el hierro no hemo (Fe+3) en hierro hemo (Fe+2).

Si en casa somos vegetarianos, podemos optar por ofrecer el mismo tipo de alimentación a nuestro bebé, teniendo en cuenta sus necesidades, ya que el organismo tiene suficientes mecanismos para aprovechar el hierro de los vegetales.


Además hay algún truquillo para mejorar la absorción del hierro vegetal.


1.- Consumir los cereales integrales, ya que al consumirlos tal y como la naturaleza nos los ofrece tenemos mayor probabilidad de éxito en la absorción de todos sus nutrientes (no sólo el hierro).

2.- Poner a remojo las legumbres, cereales (cuando se consumen en grano), frutos secos o semillas, para eliminar así los antinutrientes y aumentar la absorción del hierro.

3.- Consumir de manera habitual (a diario) alimentos ricos en hierro como legumbres, frutos secos o semillas en cualquiera de sus formatos (humus, tempeh, tahini...)

4.- Combinar hierro hemo y no hemo, por ejemplo huevos y lentejas, en el caso de consumir huevos.


No debemos olvidar que este mineral es esencial para nuestro organismo, y aún más para los bebés, y para mantener niveles adecuados debemos incluir en nuestra dieta alimentos varios que faciliten su disponibilidad y absorción en el organismo.



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